viernes, 4 de noviembre de 2016

Las sonrisas que más me gustan de ti, son aquellas de las que yo soy la causa...

En mi vida, en mi tiempo, en mi alma
en mi cuerpo, en mis sentidos, en mi corazón
hacía falta el toque mágico, la chispa, el aura
que da el amor.
A cada paso, cada mirada, cada suspiro,
a cada página de mi diario personal, mi propia voz,
en cada caminata vespertina por la playa, el parque o el bosque
estaba solitaria yo.
 Pero encuentra la forma cada vacío
cada número impar, cada letra de canción,
de llamar por instinto a su contenido,
a su par y a su son.
Inventan el modo el espacio infinito, el tiempo sobrante
de ser llenados en cada minuto y rincón
con aquello que saben que, como el agua,
será dueño y señor.
Por eso las dudas y los temores de mi mente
propios del tiempo previo a la primera vez,
que parecían presagios terribles y tristes
no tenían razón.
Y cuando llegaste, flotando en tiernas melodías de luz
y con sonrisas juguetonas y dulces nos miramos los dos,
cuando mis labios y tus labios se rozaron…
¡Ya te amaba yo!

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